A pesar del madrugón, salimos hacia la desconocida provincia de Soria con gran ilusión.
La primera parada en el camino, Riaza, está de la provincia de Segovia, tuvimos tiempo para desayunar y explorar la población, donde destaca su versátil plaza Mayor, que es un perfecto coso taurino.
Llegamos al hotel en la población de El Burgo de Osma, allí hicimos el reparto de habitaciones y comimos. El sentir general ha sido de buena comida y fantástica habitación.
Por la tarde recorrimos, acompañados de nuestra guía, la población, donde pudimos visitar la espléndida catedral, la soportalada calle mayor y otros edificios, todos muy bonitos.
El sábado resultó ser un día bastante completo, por la mañana admiramos la concatedral de Soria
, otras iglesias románicas, de las cuales la provincia cuenta con bastantes ejemplos (y todos ellos muy buenos).
Conocimos el significado de muchos de los capiteles de los que presume y más de una historia y anécdota. Cansados por el calor y por el extenso programa, regresamos al hotel donde, después de la comida, quien quiso pudo disfrutar de una siesta reparadora.


Por la tarde realizamos la visita a San Esteban de Gormaz donde nos esperaban dos iglesias, ambas románicas, con unos estupendos pórticos con columnas y capiteles narrativos y muy bien conservados. En una de ellas, quién se atrevió, tuvo la oportunidad de subir al campanario, por unas estrechas y altas escaleras, que a más de uno dejo sin aliento, y donde nos echamos unas fotos con las campanas para dar credibilidad a la hazaña.
Desde allí, como era de esperar, no nos defraudaron las vistas de la población soriana.

El domingo, último día de nuestra estancia, una vez abandonado el hotel, nos dirigimos a la ermita de San Baudelio, del siglo XI.
Las improntas de las pinturas que en otros tiempos recubrían todas sus paredes y techo aún se pueden ver, lo que da una idea de la maravillosa pintura que allí había.
Además la construcción interior con esa palmera central y los arcos apuntados, nos dejó con la boca abierta. Para finalizar la experiencia y tras contarnos la guía, que es un punto importante energético, nos divertimos y a la vez sorprendimos, comprobando con ayuda de unas barras metálicas en forma de L, como ésta se ladeaba sin que pudiéramos evitarlo.
Después visitamos la población de Almazán, la plaza mayor, la joya del románico de San Miguel, e hicimos un recorrido por las murallas medievales con una fantástica vista del río Duero a su piso por la población.
También tuvimos tiempo para tomar una cervecita probar los deliciosas torreznos de Soria (quienes no lo habían hecho ya... o repetir los más afortunados).
Salimos había Medinaceli, donde comimos un arroz caldoso tan rico que muchos repitieron. Después de comer realizamos la visita a localidad, conociendo su historia y cómo no, muchos de nosotros visitamos una tienda de productos sorianos, dejándola sin existencias de alguno de ellos.
El regreso a Madrid salió bien, a su hora y sin contratiempos.
Fuimos bien, volvimos bien y encima hemos disfrutado del patrimonio de Soria, de su gastronomía y de la buena compañía, el viaje ha sido un éxito.